Hablá tranquilo, como se lo dirías a alguien: “tengo tres manzanas”, “me quedaron dos pechugas y papas”.
Una vez encendido no tocás más nada: decís “Chef” y te escucha. Cuando querés que se calle, “Fin”.
La despensa se asume. Sal, aceite, azúcar, harinas y condimentos ya los doy por hechos — no hace falta que los nombres. Si algo falta, te lo pregunto en el momento.
Esto es lo que doy por sentado que hay en tu casa. Tocá “no” en lo que no tengas y dejo de ofrecerte recetas que lo necesiten.
Tu casa
Si la voz no anda, acá se ve exactamente en qué se traba. Tocá los dos botones y contame qué dice.
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